Circulo de Dirigentes

Nš103

DICIEMBRE-ENERO 2006-2007


NUMEROS ANTERIORES

ESPECIAL LOYOLA DE PALACIO

 ADIOS A UNA GRAN POLITICA
 Un cáncer, detectado el pasado verano, acababa con la vida de la ex ministra popular Loyola de Palacio del Valle Lersundi, que fallecía el pasado 13 de diciembre en el madrileño hospital Doce de Octubre a los 56 años. Sus restos mortales fueron enterrados en el panteón familiar del cementerio de Deba (Guipúzcoa) en una ceremonia íntima. Con anterioridad, se celebró un funeral de cuerpo presente en la localidad vizcaína de Berriatua a la que asistieron numerosos compañeros del PP, entre ellos el presidente del partido, Mariano Rajoy, el ex presidente del Gobierno José Mª Aznar y su esposa Ana Botella, Javier Arenas, Ángel Acebes, o Esperanza Aguirre, además de políticos de otras formaciones. El consejo de ministros del pasado 15 de diciembre aprobaba la concesión a título póstumo a la ex vicepresidenta de la Comisión Europea de la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.

Agradecemos a D. Manuel Fraga y a Dña. Mercedes de la Merced su colaboración en nuestras páginas para homenajear la figura de Loyola de Palacio y poder acercar a nuestros lectores el sentimiento que sus amigos le profesaban


LOYOLA DE PALACIO:
Una grán perdida para España

por: Manuel Fraga Iribarne
Senador

Loyola de Palacio era una mujer vasca, que a lo largo de su vida fue una excepcional servidora de España. Conociéndola bien, aún me ha sorprendido que es una de esas escasas figuras que recogen elogios generalizados, incluso de personas u órganos de opinión, que no coinciden con sus ideas o su posicionamiento político.
Tuve la honra de acompañarla a lo largo de su brillante carrera. Sin ningún sistema de cuotas -que no discuto- alcanzó los puestos importantes de una gran carrera política. Fue la primera Presidenta de las Nuevas Generaciones del Partido Popular; fue una gran Ministra de Agricultura y Pesca y logró la Vicepresidencia de la Comisión Europea. Tuvo gran y reconocido éxito en todos sus cargos; trabajadora día y noche, contagiaba su fuerza y arrastraba el entusiasmo a todos sus colaboradores; mantenía en todo momento, y sabía transmitirlo, el mismo entusiasmo y convicción de propios y extraños.
Estaba ahora preocupada por uno de los grandes problemas del mundo de hoy, el problema de la energía, cada vez en mayor demanda, a precios más elevados, cuando se van agotando o escaseando sus fuentes tradicionales: los combustibles fósiles, las fuerzas hidráulicas (dentro del cambio climático) y todos los conocidos. Se interesaba -en lo que he coincidido- por las posibilidades de la energía nuclear, cada vez más capaz de superar las dudas de algunos.
A esa persona entrañable, capaz de lograr amigos incluso entre los que no coincidía plenamente con sus planteamientos, y a su buena fé nadie puede ponerla en duda.
Defensora de Europa, amaba y vivía para España, y luchaba por Galicia. Como gran entusiasta de Galicia, era frecuente verla en nuestras Rías, practicando deporte, o en cualquier pueblo o aldea gallega cuando se escapaba a nuestra tierra buscando la compañía de la gente anónima, que disfrutaban de ella haciéndola partícipe de sus vivencias, sus alegrías o sus problemas. Sin duda, allá dónde esté seguirá velando por su gente.
Deja, por desgracia, una herencia importante. Deja amigos y admiradores por todas partes que daremos testimonio de su ejemplaridad. Una mujer vasca, una gran española, persona ejemplar en la Unión Europea (a medio hacer), una mujer con un gran futuro, si la Divina Providencia no hubiera dispuesto que ya se había reunificado bastante, y merecía el descanso eterno. Descanse en paz, que su ejemplo nos arrastre a todos, en estos momentos de confusión.
De ella sólo saldremos haciendo de la confusión acuerdos realistas, lejos de los extremos, como ella buscó siempre y demostró que es posible realizarlo. Todos recordamos su faz tranquila, en la salud y en la enfermedad, en el éxito y en rechazo. Y estamos seguros de que seguirá asistiéndonos, en el espíritu, desde otra vida mejor, donde encuentre por fin el descanso y la posibilidad de que su ejemplo nos lleve del modo más conveniente: sin buscar el éxito personal, pero sí la convicción intelectual y el ejemplo del mejor espíritu. Dios la bendiga y la premie.   CD


LOYOLA DE PALACIO:
La mujer que aprendió a navegar

por: MERCEDES DE LA MERCED
Secretaria General de la UCCI
(Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas)

Loyola de Palacio ha muerto. Me pareció sentir, al enterarme, que alguien me había propinado un violento bofetón. El conocimiento del mal que la aquejaba no mitigó un ápice la impresión que me causó la noticia, ni el dolor, y mucho menos la tristeza. La desaparición de una persona cercana y querida parece ralentizar la velocidad con la que vivimos. Nos hace detenernos y mirar a nuestro alrededor con un extrañamiento que nos aproxima a lo esencial y nos aleja del ruido. Los sinceros y encendidos elogios que políticos y personalidades públicas de todas las tendencias han hecho de Loyola de Palacio no sólo nos han reconfortado a todos. También nos han permitido vislumbrar lo que tan a menudo olvidamos: que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

Loyola inició su carrera cuando pocas mujeres nos afiliábamos a los partidos políticos y fue elegida presidenta de Nuevas Generaciones. Yo militaba entonces en la UCD y la recuerdo exigiendo enérgicamente programas de igualdad, ayudas para los desfavorecidos y una educación de calidad. Al mirar hacia la fecunda actividad e intensa vida de Loyola nos ha quedado patente la radical dignidad de la política, esa palabra tantas veces cargada de negatividad, tan asociada en el imaginario colectivo a componendas espúreas, a tráfico de intereses inconfesables y a pactos poco transparentes. Su muerte al mostrar su ejemplaridad en el servicio público, ha limpiado el ejercicio de la política, lo ha enaltecido, lo ha cubierto con sus galas más nobles, las que ella misma vistió como política y como persona: la honestidad, el valor de luchar por el bien común, la honradez, la defensa con argumentos de sus principios, la tenacidad, el entusiasmo y el esfuerzo como motores del cambio para alcanzar una sociedad más libre, más justa, más consciente al fin de la importancia de los valores compartidos.

Era una mujer tremendamente valiente. El libro “Ellas son así. Retrato íntimo de las mujeres del poder”, escrito por Pilar Ferrer y Luisa de Palma, y en el que se dedica un capítulo a Loyola, recoge una anécdota que la retrata a la perfección. Le apasionaba el mar y era gran aficionada a la pesca submarina. En una ocasión, en las aguas de Punta Saturrarán, entre Ondarroa y Motrico, sufrió un percance practicando su deporte favorito. El arpón se quedó enganchado en la cueva submarina, y ella con él. Conservó la sangre fría y pudo desatar el nudo que la arrastraba a una muerte segura. Logró salir a la superficie y en cuanto se recuperó del susto volvió a sumergirse. “Comprendí que si no lo hacía entonces, si no lo intentaba de nuevo, nunca volvería a hacerlo”, contaba ella misma.

Es el mismo arrojo y la misma calma que ha mantenido hasta el final. En su muerte, todos los que desde una posición u otra estamos en la vida pública, hemos hecho un alto en el camino, hemos roto los automatismos cotidianos, nos hemos mirado y hemos renovado un conocimiento esencial. Esto es, que son los propios valores personales los que dignifican y dan valor a la actividad política. Quienes ejercemos esta labor en democracia estamos obligados a realizar un esfuerzo por compaginar el respeto –tan necesario, imprescindible– a los que piensan distinto con la confianza y el entusiasmo en la defensa de las propias posiciones. Loyola de Palacio fue una persona arrebatada, luchadora y llena de energía, que humanizó la política porque no se olvidó nunca de respetar al prójimo y de respetarse a sí misma.

El capítulo dedicado a ella en el libro de Ferrer y Palma concluye con unas palabras que al releerlas ahora me llenan de emoción y constituyen un poético homenaje. “Sí, el mar de nuevo. Un mar que Loyola de Palacio siempre tiene en sus sueños, aunque las aguas en las que bucea a diario sean más turbias que las de cualquier océano en plena tormenta. Pero ya hace mucho tiempo que aprendió a navegar...”.   CD
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